Si vienes a México para el Mundial, necesitas saber que lo que verás no es toda la realidad”, dice uno de los posteos que advierte lo que pasa más allá de la Copa del Mundo, que quedó inaugurada ayer en la sede mexicana. A las afueras del Estadio Azteca, se hicieron presentes familiares de desaparecidos, colectivos de madres buscadoras y organizaciones de derechos humanos para visibilizar esta problemática que vive el país. Hubo vallado con presencia policial, represión en algunas zonas y algunas personas detenidas. Este campeonato convive con el clamor popular mundialista y con un clima de crítica, algo así como un espíritu antimundial.
«La realidad se impone al mundo frívolo y superficial del Mundial. Lo más importante de este mundial ocurrirá fuera de los estadios, en las calles y en los campos, en las costas y en las montañas”, expresó el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en un comunicado titulado “El Amor y el Desamor según el fútbol”.
Las críticas a la FIFA y los posicionamientos antimundial o de boicot son cada día más comunes en el scroll en las redes, en las conversaciones entre amigues, incluso en voces reconocidas del ámbito mediático. Hay un clima social que va más allá de las fronteras de cada país y los conflictos locales. El mundo está en una crisis humanitaria tan grande que parece que esta copa no logra silenciar las cosas. Además, antes de comenzar, ya hubo varias situaciones escandalosas por parte de la sede estadounidense.
“El deporte es un espectáculo cada vez más alejado de las comunidades y de las realidades que atraviesan los pueblos”, continúa el EZNL. Esa fiesta que es para unos cuantos, para mirar por televisión, convive con el picado en la canchita del barrio, con los torneos de pibas, con el fútbol que se juega en la escuela, en el club. Pero en el caso del fútbol profesional y, particularmente, de este mundial, según especialistas, se ha gentrificado y explicado, por ejemplo, por el aumento de equipos que juegan, la cantidad de estadios que se necesitan y todo lo que eso lleva a su alrededor, y que sean tres sedes. Los tickets son caros, pero también se ha reportado que son caros los hospedajes y el transporte. Habitantes del barrio Santa Úrsula Coapa, en cercanías del Estadio Azteca, se manifestaron para visibilizar los efectos que genera lo que han llamado el “Mundial del despojo”: más gentrificación, turistificación y exclusión.
México vuelve a ser sede por tercera vez y parece que el modelo que trae la copa este año se ha vuelto más inaccesible. Eduardo Horcasitas se volvió viral hace unas semanas cuando calculó cuántos nopales tendría que vender para poder pagar una entrada a la inauguración del Mundial: “Dando el nopalito pelado, hice la cuenta, necesito 200.000 para comprar el ticket”. Para tomar dimensión, en una jornada diaria, se pueden cosechar entre 3.000 y 6.000 piezas.
«La pelota vuelve a casa, ¡¿y nuestros hijos cuándo?!», expresaron activistas y familiares de desaparecidos mientras pegaban imágenes con sus rostros en las cercanías del Estadio.
En México, hay más de 130.000 desapariciones registradas, con una estimación de 98% de impunidad en los casos. Según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO), este año, informaron un promedio de 8.3 desapariciones diarias en la capital mexicana.
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Activistas del colectivo Luz de Esperanza de Jalisco, que tienen como sede del campeonato a la ciudad de Guadalajara, que está en el primer lugar de desapariciones ―la mayoría, de jóvenes menores de 30 años―, realizaron figuritas al estilo del álbum mundialista Panini con las imágenes de sus familiares desaparecidos para hacer visible la realidad que viven.
Fernando Vargas es un papá buscador y desde las inmediaciones del estadio, mientras sucedía la apertura inaugural, me decía: “Somos familiares de personas desaparecidas, madres buscadoras que estamos aquí en las afueras del Estadio Azteca alzando la voz y exigiendo justicia de manera pacífica, se nos ha limitado la libre circulación, con vallas y policías que nos han hecho retenes. Protestamos para que la sociedad nacional e internacional que viene al espectáculo sepa que, en nuestro país, el principal delito es el de desaparición de personas cometido por el crimen organizado y autoridades. Es un tema muy fragmentado y lo que vemos es una falta de compromiso por parte del gobierno en atender a las familias y estas causas”.
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Sandra y Fernando, padres de Olin Hernando Vargas, desaparecido en noviembre de 2024 en el Ajusco, México. Imagen: Carlos Enciso/Proceso.
Busca a su hijo Olin Hernando Vargas Ojeda, desaparecido el 26 de noviembre de 2024, quien tenía 24 años y era estudiante de ingeniería en la UNAM. Dice que cuando las familias tienen a una persona desaparecida, inician un vía crucis, porque tienen que enfrentarse a mucha burocracia ineficiente y corrupta. “Hay más de 70.000 personas no identificadas en las morgues. Ya no hablamos de crisis temporal, es algo permanente. Estamos acá para ser visibles y demandamos que nos reciba la presidenta para presentar nuestras iniciativas ciudadanas para que este asunto cambie de raíz”.
Las familias buscadoras hacen sus propias búsquedas ante el abandono institucional; las madres buscadoras van con picos y palas, y hacen rastrillajes de los terrenos, excavan, buscan algún hueso, alguna prenda u objeto que permita identificar personas desaparecidas.
Realizar estas protestas en medio del Mundial es una posibilidad de mostrar al mundo, irrumpir en la narrativa de la fiesta del fútbol, no por mera contra, sino para dar a conocer lo que está viviendo una gran parte de la sociedad mexicana que atraviesa el dolor de no saber dónde están sus seres queridos y otra gran parte que vive a diario con miedo de que les pase, y que ve con preocupación el crecimiento del crimen organizado que controla la vida de las personas en muchas comunidades. “Si lo sabe México, que lo sepa el mundo”, exclaman en medio de las manifestaciones, mientras exigen la voluntad política para la búsqueda, tal como se despliega para eventos masivos de este tipo.
Sandra Ojeda Rivera, la mamá de Olin Hernando, pone un ejemplo gráfico: “Si en el Mundial tratáramos de darle un lugar a nuestros desaparecidos en el Estadio Azteca, es insuficiente, necesitamos dos estadios para colocar a nuestros desaparecidos”.

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